Ahora después de lo ocurrido, sin saber lo que vendrá solo queda el saber en su más puro y profundo sentimiento, aquél aunque a pesar de saber a dónde llegara está dispuesto a levantarse temprano y salir a la calle a continuar con su camino, todos los caminos llevan hacia el mismo lugar; ninguna parte.
El uroborus, el antiguo símbolo metafísico, aquél que supo como darle una correcta interpretación labrándose la imagen en su piel, en su mente en su destino.
Una película, una canción, un sonido, un aroma; de vainilla por ejemplo, puede contener el más profundo misterio de la vida, lo mejor de la riqueza es que nunca es lo mismo ante los ojos de las personas, para algunas es simple diversión, otras es la mejor ocupación, pero para la gente como Yo, que tratamos de desentrañar el mas fino de los hilos de las cosas, el hilo infinito el cual nunca llega al final, por qué se reinventa a si mismo incesantemente al igual que nosotros, aquellos los que tratamos de reinventarnos diariamente.
Un ladrón, un ladrón de orquídeas, eso es en lo que se convierte al tomar las cosas del mundo y guardarlas apreciándolas como el mas valioso de los tesoros, no solo el asesino de sus sentimientos que por sociedad mutila sus emociones, tiene el derecho a soñar las necesidades mas íntimas, aquellos anhelos que murieron el día qué le dieron a luz.
Dos, Un par, la bipolaridad, ¿un binomio?, ambos, la pareja imperfecta, eterna contradicción que atrae, somos dos tú y yo, caminos distintos nos llevaron al mismo lugar, sin mirar atrás por los errores ajenos que pesan cada vez más, una profunda reflexión de lo vivido, de lo olvidado pero que nunca dejara de ser, cualquier sabio de cualquier época sabría diferenciar entre la claridad y la verdadera luz crepuscular, el motor está en marcha y aún que lleva un alto kilometraje a pesar de sus bastas voladuras.
Después el personaje empuja desde el vientre a su próximo creador, estirándose y retorciéndose desde algún lugar del hipotálamo, aquel personaje de la personalidad perdida, extraviada que brinca a la luz después de ser hervido en eternas contradicciones, después de alguna trama el nudo sin ningún desenlace se va desenredando lenta y dolorosamente.
El pintor limpia sus sucias brochas, pero jamás las tira, permanece admirando su interpretación.
Aquél que vivió y ha vuelto a renacer a través de sus enseñanzas, aquel de cabellos largos y barba desalineada sigue retornado diferentes personalidades desde el cálido valle de los muertos, la letra hablada transmitida místicamente solo a los oídos mas sedientos, pero sobre todo la letra escrita la impresa, sobre cualquier sustrato virgen impregnando lo que trasciende llegado el antiguo presagió de la eterna liberación.
Mil veces o más se ha escrito la historia, y aquel que no la conozca esta destinado a repetirla.
Como monos reunidos y refinados construimos calles y ciudades, armas y chocolates, construimos autos de alquiler, caminamos con suelas amplias y elegantes, revestidos de pieles y de minerales, mostrando una falsa piel como la serpiente sobre la tierra, incrédulos de la propia capacidad creamos una figurilla y destruimos dos árboles, otra figurilla y destruimos cuatro, sin lograr la mejor que nos recuerde a nosotros mismos, una bella y hueca que enaltezca nuestras miradas vueltas hacia nosotros mismos.
El uroborus también ejerce aquella percepción, más no interviene en su naturaleza.
Todos los caminos arrastran las experiencias transcurridas, fecundadas; pero todos regresamos al mismo punto de partida una y otra vez.
lunes, 11 de enero de 2010
susurros: 1
En búsqueda de la magia perdida,
retomé los libros escondidos,
blancos, rojos y verdes, pero sobre todo los negros,
tratando de recapitular aquello extraviado,
Por debajo de las mangas no existe nada, solo las venas,
rojas y palpantes, que poco a poco vuelven a entender,
aquél misterio que algún día cubrió los sentidos, palabras entre amantes,
el redescubrir la magia oculta, de aquello, todo lo prohibido.
Al retumbar de tus palabras sangrantes,
mis oídos punzantes de agonía,
escuchaban de aquella boca que algún día,
y tal vez nunca más regresará a besar mí intimidad,
aquellas mieles de la noche, que sé muy bien, no volverán,
ahora me entregaban nada más que una fría despedida.
En mi joven filosofía, no existen silogismos,
ni grandes alegorías como buscan tus oídos,
ni siquiera la tenue sombra de los antiguos,
que yacen entre escombros escondidos,
aterrorizados en su larga soledad,
solo la carreta que dirige, mi eterna vanidad.
Nos mordimos, mientras nos besamos,
Nos amamos, mientras nos mutilamos,
Ahora corazón mío, no me pidas que te olvide,
Que de mi ser no existe cosa, que no vaya de tu lado.
JOnAZ. 09
retomé los libros escondidos,
blancos, rojos y verdes, pero sobre todo los negros,
tratando de recapitular aquello extraviado,
Por debajo de las mangas no existe nada, solo las venas,
rojas y palpantes, que poco a poco vuelven a entender,
aquél misterio que algún día cubrió los sentidos, palabras entre amantes,
el redescubrir la magia oculta, de aquello, todo lo prohibido.
Al retumbar de tus palabras sangrantes,
mis oídos punzantes de agonía,
escuchaban de aquella boca que algún día,
y tal vez nunca más regresará a besar mí intimidad,
aquellas mieles de la noche, que sé muy bien, no volverán,
ahora me entregaban nada más que una fría despedida.
En mi joven filosofía, no existen silogismos,
ni grandes alegorías como buscan tus oídos,
ni siquiera la tenue sombra de los antiguos,
que yacen entre escombros escondidos,
aterrorizados en su larga soledad,
solo la carreta que dirige, mi eterna vanidad.
Nos mordimos, mientras nos besamos,
Nos amamos, mientras nos mutilamos,
Ahora corazón mío, no me pidas que te olvide,
Que de mi ser no existe cosa, que no vaya de tu lado.
JOnAZ. 09
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